¿Por qué me venden?

Recuerdo el primer día que la conocí, bajé del camión en el que iba con otras amigas que al igual que yo pedíamos por dar con un buen hogar y que no nos convirtiéramos en un objeto decorativo de la casa. Ella llegó con esa sonrisa que ilumina rincones, pasó sus dedos por mis brazos mientras decía: “Bienvenida Maria Antonia”, no sé porque me llamo así, nunca se lo pregunté a mi simplemente me gusto el nombre.

Me enseñó mi nuevo hogar y me dio una calurosa y efusiva bienvenida. Luego me pidió que posara para una foto, nunca antes nadie me había tomado una foto, así que ladeé mi cabeza y cerré los ojos porque no supe en ese momento como debía enfrentar la cámara, ni cuál era mi perfil, lo que no sabía es que esa sería apenas la primera de millones de fotos que me tomaría.

Más tarde la escuche hablando por teléfono con varias personas a quienes les anunciaba con voz efusiva que yo había llegado justo para su cumpleaños y les pedía que revisaran la foto que les había enviado.

Alguien tocó  el timbre y ella de un salto le abrió la puerta, lo tomo de la mano, lo dirigió hasta donde yo estaba sentada y nos presentó. Él, un hombre alto y de tez blanca me miró, sonrió y dijo que yo le parecía muy colorida pero bonita.

Nuestro primer paseo no sucedió hasta el día siguiente cuando ella me despertó con sus grandes dientes que formaban una sonrisa mientras me anunciaba que me preparará para salir a tomar el sol. Llegamos a un parque, era el primero que conocía en persona, estaba abrumada y no sabía que mirar o hacia dónde mirar.  “Vamos Maria Antonia no seas tímida ponte al lado de este árbol y sonríe”, me decía mientras me apuntaba con su cámara. En ese momento supe que solo tenía una opción y era aceptar que mi vida a partir de ahí, iba a suceder a través de un lente.

Con el tiempo fui adaptándome a su estilo de ver la vida aunque en ocasiones tanta efusividad junta me mareaba un poco, a veces creía que en cualquier momento ella iba a parar el tráfico de la ciudad para gritar “ey todos miren, ella es Maria Antonia”.

Fueron tantos los lugares que visitamos, las personas que conocimos, las historias que escribimos, que no me alcanzarían estas hojas para contarlas todas pero lo que sí es cierto es que cada historia era diferente a la anterior y yo realmente me la pasaba bien, incluso posando para cada foto de cada uno de nuestros momentos.

Seis años después llego otra niña, sentí celos hasta que comprobé que su recibimiento no fue tan efusivo como había sido el mío, así que me tranquilicé y le di también la bienvenida. Ella era menos tímida que yo y hablaba mucho. Sin embargo, ella seguía prefiriéndome a mí, lo supe porque no dejó de tomarme fotos, de hecho la dosis diaria de fotos aumentó. Un año después esta chica se fue sin despedirse, ella miró con tristeza su habitación pero no la vi llorar.

Un día amaneció lloviendo y ella me preguntó si aún con lluvia quería salir, lo pensé pero le respondí que sí, que no me importaba. Salimos como cada mañana, ella para su trabajo y yo para el colegio. Ella iba despacio pero pensativa, me dijo que ese día iba a llegar tarde pero que no importaba. Un segundo después, escuché un golpe, luego lo sentí. Ella me soltó mientras en el aire pronunciaba muy lentamente mi nombre, cerré los ojos, no quería verla caer. Cuando los volví abrir, de su cuerpo brotaba sangre e inexplicablemente dibujo una sonrisa y ahora fue ella quien cerró los ojos.

Es por eso jovencita que hoy llevo este letrero de SE VENDE BICICLETA COLOR MAGENTA EN BUEN ESTADO.

Una respuesta a “¿Por qué me venden?”

  1. Magenta Antonia no puede ser desplazada de su habit merece quedarse en el lugar donde ha vivido por todos estos años.
    Así no se tratan las bicicletas intimas y amigas especialmente las de color magenta.

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