Un vehículo de sueños

Barrio Santo Domingo Medellín

La vida es tan simple como un sillón de madera en una bicicleta, sí, así de rústico y de exótico. Y justo así es como el vehículo de dos ruedas de Steven, un chico de 13 años que vive en Santo Domingo, una de las tantas comunas de Medellín curtida en violencia y desplazamientos.  

Y es que Santo Domingo, es una microciudad con vida propia en el que sus habitantes le inyectan felicidad, color, olor y pasión. Una barrio con todas las de la ley: mercados, restaurantes, casas de banquetes, boutiques, salones de belleza, tiendas para mascotas y por supuesto, UberBici.  

Steven hace al día entre 10 y 15 mandados por $500 pesos cada uno. Transporta comida de un lugar a otro, compra cosas por encargo, lleva razones y hasta pasea mascotas. “Un amigo me ayudó a armar la bici, yo solo compré las llantas y lo otro lo conseguí por ahí en la calle” me cuenta Steven el chico tímido de los mandados. Los otros amigos que tienen bicicleta no les gusta hacer mandados porque el barrio tiene mucha loma y a veces debe subir varias veces al día, ellos prefieren estar parchados en la esquina sin hacer nada.

Con el dinero que gana, le va comprando cada vez más cosas a su bicicleta y el resto de dinero lo lleva para ayudar en su casa. Se despide con una diminuta sonrisa porque lleva afán, se acomoda en su bici para que su amigo también pueda sentarse y los dos empiezan a deslizarse entre buses y motos por las calles de su  barrio.

Me quedo viéndolos como se pierden en el horizonte y pensando, que el verdadero ciclista no es el que tiene una bici de lujo, es el que con una tabla de madera, convierte la suya en un vehículo de sueños.

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